Mario Alberto Molina (19 de marzo de 1943 - 7 de octubre de 2020) fue un destacado científico y químico mexicano, reconocido mundialmente por sus contribuciones al entendimiento de la capa de ozono y el impacto de los clorofluorocarbonos (CFC) en el medio ambiente. Su trabajo fue fundamental para la formulación de políticas globales sobre la protección de la atmósfera y el medio ambiente.
Nacido en la Ciudad de México, Molina creció en un entorno académico; su padre fue un ingeniero y su madre una profesora. Desde temprana edad mostró un gran interés por las ciencias, lo que lo llevó a estudiar ingeniería química en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A lo largo de su carrera, Molina se trasladó a Estados Unidos, donde continuó su formación académica en la Universidad de California, Irvine, y más tarde en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, donde obtuvo su doctorado en química en 1972.
El trabajo más famoso de Molina se llevó a cabo en la década de 1970, cuando, en colaboración con el químico Frank Sherwood Rowland, realizó investigaciones sobre los efectos de los CFC en la atmósfera. En 1974, ambos publicaron un artículo crucial en la revista Nature, en el que proponían que los CFC, utilizados como refrigerantes y propulsores en aerosoles, estaban contribuyendo a la destrucción de la capa de ozono. Este descubrimiento generó un gran interés y preocupación a nivel internacional, llevando eventualmente a la creación del Protocolo de Montreal en 1987, un tratado internacional diseñado para reducir la producción y el uso de sustancias que agotan la capa de ozono.
A lo largo de su carrera, Molina recibió numerosos premios y reconocimientos por su trabajo, incluyendo el Premio Nobel de Química en 1995, que compartió con Rowland y Paul Crutzen por sus investigaciones sobre la química atmosférica y sus efectos en la capa de ozono. Además de su labor en investigación, Molina fue un ferviente defensor de las políticas ambientales y trabajó en diversas instituciones académicas y gubernamentales para promover la sostenibilidad y la ciencia ambiental.
- Molina fue director del Centro de Cambio Global y la Sustentabilidad en la Universidad de California, y se desempeñó como profesor en varias universidades de renombre, incluyendo el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
- Su compromiso con la educación lo llevó a establecer programas que incentivaban a jóvenes científicos a involucrarse en la investigación sobre el cambio climático y la conservación del medio ambiente.
- En 2013, fue nombrado por el presidente de México, Enrique Peña Nieto, como asesor especial en asuntos de ciencia y tecnología, reflejando su estatus como uno de los científicos más influyentes de su tiempo.
Además de su trabajo científico, Molina fue un apasionado defensor de la ciencia en la sociedad. Participó en conferencias y seminarios en todo el mundo, donde abogó por la importancia de la educación científica y la inversión en investigación ambiental. Sus esfuerzos se centraron en informar al público y a los responsables políticos sobre los peligros del cambio climático y la necesidad de adoptar prácticas más sostenibles.
Mario Alberto Molina dejó un legado perdurable en la ciencia y la política ambiental. Su vida y trabajo siguen inspirando a futuras generaciones de científicos y activistas que luchan por un medio ambiente más saludable y sostenible. En su honor, se han establecido becas y premios en su nombre, asegurando que su contribución al entendimiento de la química atmosférica y la protección del medio ambiente continúe siendo reconocida y celebrada en todo el mundo.
Falleció el 7 de octubre de 2020, pero su impacto en la ciencia y el activismo ambiental permanece vivo, marcando un firme camino hacia un futuro más consciente de la necesidad de proteger nuestro planeta.