Mariano Quirós ha consolidado una prosa cuyo estilo y temas reverberan en esas zonas híbridas entre el realismo y la fantasía, entre la oralidad y la poesía. En esta novela sus personajes deambulan sus vidas por las calles chatas de un pueblo atravesado por el río y despabilándose como pueden de un sopor zonzo que se les mete en el cuerpo y en la mente y no les permite ir demasiado lejos. «Mateo no sabe, no consigue descifrar, si Mercedes sonríe o más bien está serio, si en el ofrecimiento de purirú hay más un gesto amigable o una especie de amenaza». Hombres, un pueblo, el río...