A menudo, los cristianos nos encontramos con el argumento (en boca de personas o en las diversas manifestaciones humanas, como el cine y la literatura) de que el canon de las Sagradas Escrituras (la colección de sesenta y seis libros dotados de autoridad divina) fue producto de una decisión arbitraria tomada por alguna autoridad sacerdotal o regia en la antigüedad. Ante este hecho, nos preguntamos cómo saber qué libros son inspirados por Dios y, por tanto, deben formar parte de la lista exclusiva de textos que se incluyen en nuestras biblias impresas. El presente ensayo es fruto del...