Tragedia y poder. Crónica de Edipo

Conocí y gocé al nuevo soberano de Tebas. No me queda duda, es el hijo que Layo y yo procreamos y expusimos para que fuera muerto por las fieras, lo creíamos muerto. Desde que supe por el oráculo que me casaría con el hijo que tuviera con Layo, se despertó en mí un instinto perverso de desear lo indebido. Luché por hundirlo en lo más profundo de mi mente. Suponía que lo había vencido. He comprobado que no. Hace muchos años, cuando me embaracé, sabía que incurriría en incesto. Llegué a desearlo. Al producto de mi vientre le decía: muévete mi amor, ponte cómodo, crece, no...


























































