¡Viva la ciencia!

No hay nada comparable al gozo del saber científico, porque con él podemos conocer el universo, el mundo que nos rodea, la vida y a nosotros mismos. Y sin embargo, nos disuade de ese conocimiento una prevención injustificada: solemos creer que es difícil y, quizá, prescindible. Ese trágico error deja a los ignorantes indefensos ante la naturaleza y sus manifestaciones cotidianas al mismo tiempo que pierden irremisiblemente una fuente inagotable de placer intelectual. Antonio Mingote y José Manuel Sánchez Ron, compañeros en la Real Academia Española, se han confabulado para que...


























































